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lunes, 19 de octubre de 2009

Del espíritu indie y el regreso del sintetizador V

Ratatat - Ratatat (2004)

El dueto Ratatat adquiere la personalidad de un robot, a veces un tanto trepidante y otras simplemente se limita a recrear ambientes. Evan Mast y Mike Stroud provienen de Estados Unidos. Su proyecto se materializó bajo el sello independiente XL Recordings. En esta primera producción homónima, Ratatat trabaja con piezas separadas. Textura electro, estructura rock, rítmica Hip-Hop. Si bien, debido a su pureza instrumental, nunca llega a inclinarse por un género en particular. Técnicamente el sonido es limpio, dejando en claro una democracia entre sus instrumentos. El sintetizador colabora con la introspección del disco. Por su parte, la guitarra sin ser virtuosa, entra y sale de manera precisa. Así, se logra una sólida mancuerna, lo cual me remite a la sencillez de producción. Son contados los elementos extras que destacan, con excepción del bajo y samples de voz entre algunas pistas que a mi parecer son innecesarias.
Al arranque, el álbum se presenta como una electrizante propuesta. Los dos primeros temas parecen estar diseñados para un Tetris moderno. Sin embargo, progresivamente los sonidos se dosifican hasta llegar a los niveles etéreos de Everest o Bustelo. Partiendo de esto, la obra se impregna de un aire taciturno y meditativo, con algunas notables insurrecciones. La canción Crips con clara influencia Daft Punk y un bajo hipnótico durante el puente. O Germany to Germany, un himno de guerra electrónico y una de mis favoritas. Lo triste es que me da la impresión que más de una canción son meros rellenos. Por ejemplo, Cherry, canción de cierre (y antiguo nombre de la banda), con un inicio a la The Postal Service deprimido, llega a cansar por su reiterativo sonido.
Así queda la situación. Con un mínimo de distractores, Ratatat dirige al escucha hacia el corazón de su música, la simbiosis guitarra-sintetizador. Ambos cooperando, en ningún momento se percibe una tensión. Eso sí, hay un constante jaloneo entre las formas más serenas y más provocativas que puede dejar inconforme a más de uno. Pero como sea, es un inicio prometedor.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

De los tardíos noventa y sus obras maestras IV

Sigur Rós - Ágætis Byrjun (1999)

Admito que no soy un viejo seguidor de Sigur Rós. Comencé a escucharlos hace apenas un par de años. Fue precisamente este disco el que me acercó a su música. Hoy en día, la banda pertenece a planos internacionales. No estoy seguro de que Sigur Rós sea la banda con más proyección en el post-rock, aunque su fama sigue subiendo considerablemente. Quizá, de una manera discreta, pero constante. Insignia del post-rock, género al que no se le veía una larga vida. Sin embargo, acutalmente es uno de los sectores más activos en la industria.
A pesar de que Ágætis Byrjun significa "un buen comienzo", se trata de su segunda producción. Si le toma a la ligera, Ágætis Byrjun puede tornarse una experiencia de acompañamiento, meramente ambiental. Por otro lado, si uno se toma la molestia de analizar la obra (tal vez no a detalle, pero si con calma) se encontrará con un disco sorpredente. Durante una hora y diez minutos, Sigur Rós logra meter en un largo y denso paréntesis al escucha con una propuesta general que se debate entre los polos fríos y calientes. Frío por sus desoladas ambientaciones. Cálido por la extrañamente cercana voz de Jónsi. Al inicio, Ágætis Byrjun es algo etéreo, o abstracto si pudiera llamarlo así. Pero conforme el disco avanza, las pistas se vuelven más concretas y en algunos casos hasta agresivas como pasa en Hjartað Hamast o Ný Batterí, en donde un grito acompañado por metales disonantes suena bastante bien. Uno esperaría que no, pero sí. Increíble.
En aspectos técnicos resalta en especial una cosa, y es que a aun cuando se trata de un disco muy largo, no se abusó en recursos de estudio. En pocas palabras, una producción justa: nada de más, nada de menos.
Al final, aunque la experiencia es fuerte, es reconfortante. Sigur Rós apostó por hacer un disco medular en el post-rock. Ágætis Byrjun, no es una elegía, simplemente que Sigur Rós es como la luz más brillante en el túnel más oscuro. De entrada, eso ya es abrumador.

martes, 14 de abril de 2009

José Manuel Aguilera - Yendo Al Cine Solo (2001)

-ese amante primitivo que revuelca a tu mujer y tiene orgasmos por ti-

Como miembro fundador y líder de La Barranca, Aguilera se encontraba en medio de una etapa de transición pues el resto de los integrantes de la banda, habían abandonado sus puestos. Fue precisamente en esta situación que se produjo el disco en solitario del señor Aguilera. Para empezar, se recalcan varios puntos interesantes. Primero, Yendo al Cine Solo es una producción en su mayoría instrumental. Segundo, el tono del disco es mucho más arriesgado a lo que nos tiene acostumbrado el artista. Tercero, la inclusión de un tema en inglés, único en su acervo musical. Ahora bien, ahondando un poco, este material es evidencia de las habilidades tanto técnicas como creativas del autor. Composiciones agresivas e inusuales que se acercan más a lo experimental que a lo artístico. Una muestra lo es la incorporación de samplers o el manejo de distorsiones atípicas. Sin embargo, por momentos parece inclinarse en dirección al progresivo, aunque prefiero no catalogarlo como tal. El punto es que de alguna manera logra salirse de los estándares de La Barranca. Curiosamente, las canciones que portan más descaradamente el sonido de aquella banda, son aquellos títulos con alusión a temas mexicanos como Cristalito maya o Como si fuera tolteca. Por último, las pocas letras del disco son fascinantes, y con Medianoche logra consolidar una de sus más atrevidas prosas a la fecha.
Para la realización del disco, contó con la colaboración de Alejandro Otaola (Santa Sabina), y los Hermanos Arreola: José María y Alonso. Todos ellos fuertes aliados, pues serían ellos los que seguirían con el proyecto de La Barranca hasta el 2007.
Ahora se sabe la verdad. Aguilera no es un sujeto cuadrado.

sábado, 7 de marzo de 2009

Bratsch - Sans Domicile Fixe (1990)

Llevaba rato debiendo un disco de música francesa. Bratsch es una agrupación de cinco músicos virtuosos. Cada uno se encarga de exprimir al máximo su instrumento, ya sea la guitarra, el acordeón, el contrabajo, el clarinete o el violín. La situación de Bratsch es muy particular. Son franceses, pero no tocan música totalmente francesa. Hacen una síntesis de la música gitana, la polca, ritmos árabes, chanson française y en ocasiones incursionan en la música española. En pocas palabras, Bratsch lleva a al mundo occidental la experiencia musical del mundo oriental, principalmente aquella que proviene de Europa del este. Terreno prácticamente desconocido en esta parte del globo.
Aunque podría encasillarse a Bratsch como algo serios, es imposible negar esa herencia balcánica que tratan de perpetuar, y por lo mismo, el toque folclórico y festivo es imposible de negar.
Sans Domicile Fixe es el quinto disco de la banda. Un material que en su mayoría está conformado por temas instrumentales, pero con algunas canciones cantadas en lengua romaní, lo cual, lo hace bastante atractivo. Finalmente, algunas pistas bastante lentas rompen el ritmo intenso del álbum. Aún así, Sans Domicile Fixe logra consolidarse como un material consistente y adictivo. Además, siempre será bien recibida música interesante hecha por músicos impresionantes.